Recibimos aviso de un gato que se encontraba en un estado lamentable, prácticamente agonizando. Una persona con corazón que no pudo pasar de largo, como llevaba haciendo el resto de gente durante todo el día… Nos pidió ayuda.

No sabía que hacer, tenía al gato moribundo en un brazo y su hijo en el otro, mientras el resto de gente se limitaba a mirarlo con asco. Le pusimos el nombre de su rescatador, se lo merecía.

Lo llevamos al veterinario, le faltaba un montón de tejido en un lado de la mandíbula, la herida estaba totalmente infectada, el olor que desprendía decía que desde hacía ya mucho tiempo, se estaba empezando a pudrir. También tenía una importante infección en los ojos.

 

 

Estaba deshidratado y anémico, no sabemos desde cuando llevaría sin comer, con ese agujero en la boca seguro que no podía, era todo huesitos y pellejo. Además, dio positivo a inmunodeficiencia felina.

 

 

Se quedó en nuestro refugio con antibióticos, calor y comida blandita, salir adelante solo dependían de sus ganas de seguir luchando. Lo único que él nos pedía era amor.

Eunice había perdido hacía poco a su gato Pope, positivo también y se identificó con este caso, quiso acoger a Iván.

 

 

Le cuido y lo llenó de amor y atenciones durante toda su recuperación y con el tiempo ya no ha pudo dejarlo marchar, decidió que quería que formase parte de su familia junto con su perro Yelko.

 

 

Meses más tarde Eunice también adoptó a nuestro callejerito Horus, positivo a leucemia felina, que se enamoró de Iván nada más conocerlo. Iván se hacía el duro con él… Pero en el fondo le encantaba que le quisiera tanto… Aunque  a ves Horus se pasaba de pesado… Nunca tenía suficientes mimos y mucho menos de su muy mejor amigo Iván.

 

 

Por desgracia Iván llegó en tal mal estado que, a pesar de que junto a Eunice se puso precioso, nunca pudo llegar a recuperarse del todo, tan solo 10 meses después de recogerlo, cruzó el puente del arcoíris. Al menos se marchó sintiéndose querido y parte de una familia.

Una sola persona puede marcar la diferencia, Iván podía haberse marchado solo, invisible y sufriendo, pero gracias a que alguien no miró para otro lado, este gatito amoroso disfrutó del mejor de los hogares y del final más digno y humano que Eunice pudo regalarle entre sus brazos.