El señor Grey apareció en busca de comida, en una zona donde una gran persona alimenta a los callejeritos.

No era uno de sus habituales, a este gato no lo había visto nunca.

Su aspecto demacrado hacía ver que necesitaba ayuda, así que encantada, le permitió ser un miembro más de su grupo felino de quedadas nocturnas para cenar. Le enseñó el lado amable del ser humano e incluso le puso un nombre. Donde comen dos comen tres, o cuatro, o cinco, o seis, o…. Bueno…. ella espera que no siga aumentando el número de comensales, el pienso es carete y todos vienen sin castrar de serie…. Pero… Que se le va a hacer…

El señor Grey era un gato feral pero muy buenin, parecía mayor y golpeado por la vida.

Viendo el mal aspecto que arrastraba y que a pesar de comer en condiciones no mejoraba, nos pidió ayuda para capturarlo y llevarlo a revisión.

A veces las cosas no salen como nos gustarían, a veces, soñamos con verlos retornar a la calle sanos y fuertes, pero la vida se empeña en repetirnos que algunas veces…. La única forma de ayudarlos, es trayendo para ellos el puente del arco íris.

Seguimos sorprendiéndonos de la capacidad de sobrevivir que tienen, de lo duros que son, de que aun estando hechos polvo, siguen luchando día a día. A pesar del dolor, se empeñan en fingir que no pasa nada. La vida es dura y ellos lo son más.

El señor Grey era un gato muy anciano, entre una laaaargaaaa lista de problemas que nos hicieron llevarnos las manos a la cabeza, destacaremos: positivo a inmunodeficiencia, infestación parasitaria, líquido libre sanguinolento por todo su abdomen (negativo a PIF), un tumor en el corazón, una brutal infección en algún lugar de su cuerpo, que le hacía tener un recuento de leucocitos que daba ganas de llorar…. Su estado era incompatible con la vida, solo podía ir apagándose lentamente, hasta morir de forma agónica. Nada de lo que hiciésemos, serviría para otra cosa más que alargar lo inevitable y no sin sufrimiento. La decisión más humana era decirle adiós. Pero no la más fácil, no nos había parecido tan enfermo al verlo.

Sabemos que hacía tiempo, en algún momento de su vida, un coche pasó por encima de su cadera, aplastándola y deformándola. Pero él era un gran luchador y logró sobrevivir sin ayuda. Se quedó con una cojera, para mostrar al mundo que ganó la batalla a la muerte de una forma titánica.

Era un gato listo y fuerte, hasta para terminar su vida dignamente supo dónde acudir.

Era uno de esos grandes guerreros peludos, que llegan a la vejez con todo en su contra y hacen que sintamos una grandísima admiración.

Cada gato callejero que muere siendo anciano, merece cruzar al otro lado con una gran ovación.

No dediquéis lagrimas tristes al señor Grey. Dedicarle aplausos, es lo que merece.

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