Recogimos a Tigrin cuando hacíamos CES en su colonia, en principio había que castrar y soltar… Achacamos su extrema delgadez a los parásitos internos y nos lo quedamos para esperar a que cogiese un peso razonable antes de soltarle de nuevo y observar su evolución.

Pronto vimos su carácter especial, era bueno y adorable como él solo. Creímos que lo mejor era buscarle un hogar al recuperarse, la calle no estaba hecha para él.

Pero… enseguida nos dimos cuenta de que algo no iba bien.

Positivo a inmunodeficiencia felina tenía una infección de orina tan brutal que le causó daños irreparables en sus riñones. Quisimos apostar por él, era tan bueno y cariñoso… Aunque fue difícil logramos curar su infección, pero no antes de que le causase insuficiencia renal…Tigrin podía vivir meses o años (aunque eso era menos probable). Tal y como estaba, mientras no tuviese dolor, cada día era un regalo para él y para todos los que tuvimos el placer de conocerle.

¿Que íbamos a hacer con él? ¿Quién iba a acoger un gato con una enfermedad terminal? Tigrin merecía conocer el calor de un hogar.

No sabíamos el tiempo que le quedaba de vida, pero desde luego, no queríamos que lo pasase en una jaula, merecía más.

 

 

En cuanto contamos su historia Jakinde no lo dudó y le hizo un hueco en su casa, pero sobre todo en su corazón.

Le dio la mejor vida que podría soñar un callejerito “sin futuro”, él solamente tenía el presente, un presente maravilloso que el amor alargó durante casi un año y medio, todo un logro.

Jakinde nos decía que Tigrin le daba paz… Y llegado el momento, cuando la enfermedad se agravó y el dolor asomó su asquerosa cabeza, ella decidió devolverle el favor y le acompaño al arcoíris, donde la paz le abrazó y le quito cada gotita de sufrimiento.

 

 

Al final, resultó que nuestro gatito sin suerte, a su manera, fue un gatito afortunado.