Su historia:

Lo recogimos junto a su hermano Kuma, en unas condiciones lamentables, esquelético, con parásitos de todos los tipos, neumonía y Tiña (incluso en los pulmones), entre otras cosas.

Su vida pendía de un hilo y se atribuyó su terrible estado a la mala vida y la debilidad causada por la desnutrición.

Nunca tuvo una vida fácil, vivía en un asentamiento rumano donde nos hemos encontrado gatos con golpes, heridas e incluso amputaciones hechas con tijeras. Muchos de esos gatos eran muy buenos, pero otros como Asti, tenían pánico a las personas.

 

 

Su recuperación fue muy larga y él lo pasó muy mal.

Él no tuvo la misma suerte que tuvieron otros gatos de su colonia, que encontraron adopciones o acogidas… Pasó muchísimo tiempo en una jaula mientras se recuperaba.

Primero matamos los parásitos que le debilitaban, al mismo tiempo que tratábamos la Tiña e intentábamos mantener a raya su neumonía. No sabíamos si esos pulmones se recuperarían… entre los parásitos y la Tiña estaban destrozados… Pero poco a poco fueron mejorando y actualmente los tiene estupendos.

Asti ha evolucionado mucho en este tiempo en el refugio, no es un gato especialmente cariñoso y es muy esquivo, pero cuando él quiere, nos deja acariciarlo sin pasarnos de confianzas, e incluso ronronea.

Ya por su carácter independiente y esquivo es una difícil adopción, pero para su desgracia también está enfermo.

 

 

¿Enfermo?

Cuando Asti se recuperó lo vacunamos y lo dejamos salir de su jaula, no tenía más opciones que el refugio.

Allí se hizo muy amigo de nuestro abuelito Nito, enfermo de Calicivirus. No nos preocupó, con la vacuna no tendría porque contagiarse… Pero se contagió.

Y el Calicivirus atacó con fuerza, llenando su boca y garganta de llagas, inflamándole la pared interna de la nariz y causándole mucho dolor. No respondían al tratamiento.

Las lesiones eran tan feas y era tan raro que no mejorasen, que incluso llegaron a hacerle una biopsia por si pudiese ser cáncer.

Pero no, simplemente era un Calicivirus muy muy agresivo… algo extraño, si era la misma cepa que la de Nito, no era tan fuerte.

Además, sus analíticas de sangre nos decían que algo raro pasaba con el sistema inmunitario de Asti… No tenía casi defensas en la sangre. Pero no era un gato positivo a inmunodeficiencia.

 

 

 

Y un día todo cobró sentido…

Su hermano Kuma dio positivo a toxoplasmosis. ¿Y si ese era el problema de Asti?

Seguramente la madre de ambos tenía toxoplasmosis y ellos se contagiaron durante la gestación o la lactación.

 

Efectivamente, la prueba de sangre salió positiva a T. Gondii.

 

Al parecer, el parásito afectó al sistema inmunitario de Asti y lo deprimió tanto que, a pesar de estar vacunado, se contagió de Calicivirus. Una enfermedad que tampoco podía combatir y que casi termina con su vida… Y seguramente por eso, casi no superó en un principio la neumonía, por eso la Tiña consiguió llegar a los pulmones en lugar de quedarse solamente en la piel.

 

 

¿Y que teníamos que hacer?

Pues medicarlo con un medicamente especial que mata el parásito T. Goondii.

Una vez controlamos el parásito, su sistema inmune se arregló y pudimos también controlar el Calicivirus.

 

 

Y el Calicivirus…

Por desgracia controlar el T. Gondii no elimina ese virus, es irreversible. Le ha afectado tanto que va a estar tomando medicación de por vida para encontrarse bien.

Tenemos que tratarle con corticoides, con el tratamiento él está estupendo, es un gato sano, fuerte, precioso, feliz.

Los corticoides reducirán el tiempo de vida de Asti. Pero en ese tiempo, aunque más corto, tendrá calidad, que es lo importante.

 

 

¿Qué va a pasar con él?

Seguramente, a pesar de estar en adopción, Asti se quedará con nosotros para siempre…

¿Un gato adulto, positivo a toxoplasmosis y Calicivirus, que no es muy sociable con los humanos? ¿Quién va a adoptarlo? Con solamente una de esas condiciones ya sería todo un reto encontrarle hogar…

 

 

¡Necesitamos un milagro!

Nos duele de verdad su situación, es un gato joven que no ha tenido mucha suerte, lo ha pasado muy mal y la huella de la calle le ha dejado marcado para siempre. Sabemos que no tendrá una vida muy larga, pero no va a morirse pronto.

Nos encantaría que Asti conociese lo que es un hogar y comenzase a disfrutar de verdad de la vida.

Él es feliz en el refugio junto a su inseparable amigo Nito, pero merece mucho más. Merece un hogar calentito, una familia que le quiera tal y como es, a pesar de no ser un gato especialmente mimosón.

No queremos que pase años y años en un refugio, en el cual también empeorará antes su condición. Los refugios son solo lugares de tránsito, hasta el gato más sano puede enfermar, imaginar cómo puede terminar Asti…

Pero no perdemos la esperanza.

¿Quién sabe? Tal vez algún día un ángel se cruzará en su camino y hará de nuestro Asti el gato más afortunado del mundo.